ANTROPOGRITTICI

   

Cada hombre, a través de sus acciones intenta, más o menos conscientemente, exprimir a sí mismo con métodos y medios diferentes ; la voluntad de representación es, de hecho, una constante humana, que casi siempre tiene la finalidad de exteriorizar las propisa necesidades individuales ; esta voluntad se puede expresar en forma simple, a través del comportamiento, y bajo una forma enmascarada o simbólica, por ejemplo con las artes.
El hombre primitivo, probablemete inconsciente de los valores ontológicos de la vida, sólo ofrecía sintéticas representaciones del mundo y de la naturaleza, exprimía así su instinto natural elaborando creaciones fácilmente leíbles por toda la sociedad de pertenencia. Desde cuando el hombre ha aprendido a usar la razón , el logos, las creaciones simbólicas han empezado a ser objeto de interpretaciones, han crecido de número y han padecido indefinidas metamórfosis en directa relación con la crecida capacidad creadora. Llegados al extremo proceso de individualización humana, alejados de la educación tradicional y así desconcertados en la selva de la vida moderna, los hombres de la sociedad industrializada, prisoneros dentro del laberinto del consumismo, a menudo se muestran desorientados delante de una obra de arte, la cual, como sólo exprime un proceso individual, puede resultar de difícil lectura e interpretación; además, si la obra debe de emerger sólo por sus intrínsecas cualidades estéticas, es posible que se reduzca sólo a un lúdico medio de estímulo sensorial y emotivo.
Hecha esta consideración, he querido dirigir mi búsqueda pictórica hacia una parcial recuperación de los valores artísticos tradicionales. Estos valores, exprimidos en el tiempo y en el espacio por las reproducciones de las figuras y objetos simbólicos que constituyen los mitos y las religiones, deben de considerarse como el fruto dulce y maduro de la ‘conociencia’. Esta última, escondida en el secreto de la propia conciencia, se manifesta en lo sensibile con la fuerza de las imágenes y se sustenta a través de una constante búsqueda de los Principios Universales, los cuales, como faltan de ‘sustancia’, pueden ser traspuestos en indefinidas y significativas construcciones pictóricas.
Lo que yo quiero hacer es conciliar el aspecto simbólico con lo estético, convirtiendo el acto pictórico en un gesto sagrado, expresión de un ritual de alquímica memoria.
Determino el aspecto estético de la composición de la obra de arte con una constante búsqueda del equilibrio entre formas y colores; el aspecto simbólico se expresa a través del estudio de los símbolos tradicionales, los cuales, aunque sean transfigurados por subjetivas exigencias pictóricas, en su esencia permanecen fieles a su significado original.
Hay que considerar mi obra de arte como un medio de interpretación subjetiva y tiene que conciliarse con las diferentes exigencias de cada ‘usuario’, encontrando así su propia razón de ser en la fusión con la inteligencia y la sensibilidad del usuario mismo.
El arte es una vía y, como dijo Gombrick: ‘En realidad no existe una cosa llamada arte. Sólo existen los artistas..’ y es siguiendo esa vía, anárquica, libertadora y libre de las preocupaciones comerciales que utilizo el medio pictórico como instrumento de búsqueda interior. Para mí el arte es un ‘conoces a tí mismo’ que utiliza el espejo de las imágenes simbólicas.
Quiero que mis obras susciten debates y reflexiones, ésto no para satisfacer mi propio orgullo personal sino para dar sentido y vida a esas imágenes especulativas que ayudan al hombre a adquirir cada vez más conciencia de sí mismo y de los valores que guían su microcosmo para llegar, paulatinamente, a construir significativas consideraciones sobre el entero cosmos.
Para concluir, espero que cada obra pueda ser mirada y juzgada como si fuera una página de un libro inacabado y que cada uno, explorando su mundo íntimo, encuentre en estas imágenes un significado suyo y una posible verificación en los valores arquetípicos de la humanidad, de manera que se vuelva a dar sentido a lo sagrado en el capítulo del arte.

Andrea Saltarelli

© Copyright Andrea Saltarelli 2004-2006